Nuestros familiares huyeron del terror franquista desencadenado en Andalucía por el asesino vallisoletano Gonzalo Queipo de Llano, que desde Radio Sevilla arengaba a matar, violar y robar a todas las personas que se opusieran al golpe de Estado que los fascistas llamaron “levantamiento” a su sublevación militar.
Los fascistas usaron la semántica desde el primer momento para mentir y confundir, tergiversando el verdadero sentido de las palabras.
Hay muchas, muchísimas palabras que la larga dictadura ha normalizado y por las que tenemos que hacer un gran esfuerzo para erradicar, para que el franquismo no siga oculto en el lenguaje y, por ende, condicione nuestro modo de pensar.
La palabra que usaron nuestros familiares para definir el éxodo que tuvieron que hacer para alejarse del terror franquista fue HUIDA. Era la palabra exacta, sin rodeos, que expresaba el terrible acontecimiento que vivían. Dicho en perfecto andaluz, era la JUÍA o HUÍA, con esa jota suave o hache sonora que nos caracteriza.
Pero los fascistas la denominaron DESBANDADA o DESBANDÁ, para denigrarnos, indicando que éramos parte de una banda de rojos, malhechores, hordas marxistas, turbas socialistas del maldecido Frente Popular; una banda de republicanos que no tenían orden ni concierto y que salimos de cualquier manera cuando ellos, los “salvadores de la patria”, se acercaban para liberarnos.
Y no me lo han contado. Es que lo he vivido. Siendo muy pequeño, fui con mi padre a comprar tejeringos a la churrería de Alba, la que está en la calle La Bola. La mujer de Alba hacía churros con la jeringa apoyada en el sobaco, mientras alguna gente esperaba su turno. En la única mesa que entonces había estaban sentados un grupo de militares y otros fascistas de paisano que bebían coñac y aguardiente, hablaban muy alto y se reían a grandes carcajadas, diciendo que cuando llegaron a Ronda dieron un zapatazo y todos salimos en DESBANDÁ, como pájaros o conejos.
La realidad fue que cientos de familias, miles de personas de Ronda, de Arriate, Grazalema, Alcalá, Ubrique, Benaoján, El Gastor, Teba, Las Cuevas, El Burgo, Cañete, Setenil, Igualeja, Pujerra, Júzcar, Cartajima, Genalguacil, Jubrique, Alpandeire, Atajate, Jimera, Zahara, Benaocaz, Cortes, Benadalid, Algatocín, El Tesorillo, La Línea, Casares, Manilva, San Roque, Algeciras, San Martín, Jimena, Lebrija, Olvera, Castellar, Benalauría, Benarrabá, Faraján, Gaucín, Júzcar, Montecorto, Montejaque, Parauta, Serrato y más, se dirigieron a Marbella, donde fueron acogidos como refugiados.
Era el lugar republicano más cercano, donde esperaban pasar una corta temporada hasta que el Gobierno republicano restableciera el orden constitucional de la República y así poder volver a sus casas, sus campos, sus tiendas y sus talleres.
Sin embargo, su resistencia y la de las milicias y carabineros fue rota cuando en Cádiz desembarcaron 10.000 camisas negras italianos, perfectamente pertrechados, haciendo que todas esas miles de personas tuvieran que volver a huir de nuevo hacia Málaga. Mal equipados, fueron copados a medio camino por los militares fascistas, que les hicieron volver a sus pueblos, a sus casas, con la promesa de Francisco Franco de que nada les pasaría. Una vez en Ronda, o cada uno en sus pueblos, fueron vejados y fusilados.
Ahora estamos volviendo a vivir la misma historia, esta vez en Gaza y Líbano. La gente huye del terror sionista. Vemos cómo la gente huye en masa hacia lugares que creen seguros y vuelven a sus casas una y otra vez. A nadie se le ocurre decir que tanto gazatíes como libaneses se han desbandado.
Pero en España el fascismo perdura en el lenguaje, incluso entre gente que dice que es de izquierdas: muchos de ellos “intelectuales”, catedráticos, profesores y políticos que parece que no han leído un diccionario en su vida y a los que no les importa la dignidad de nuestra gente, sino hacer una marca comercial.
Paco Pimentel
Memoria Histórica de Ronda y Serranía