Manuel Fernández Ruiz-Coello

Polémica en el barrio de San Francisco de Ronda por podas improcedentes de árboles en plena época de calor

caída de nidos, falta de sombra, podas

Las podas que se están realizando durante los meses de mayo, junio y julio en distintos puntos de Ronda han provocado una nueva denuncia ciudadana por sus posibles efectos sobre el arbolado urbano y la fauna. Vecinos del barrio de San Francisco, una de las zonas más afectadas por lo que califican como «atropello medioambiental», advierten de que durante los trabajos han llegado a caer nidos de aves y reclaman al Ayuntamiento que detenga unas actuaciones consideradas perjudiciales y contrarias a los criterios de protección de la biodiversidad.

Vecinos del barrio de San Francisco, afectados por estas podas que creen improcedentes, demandan que se ponga fin a la sangría que está sufriendo el arbolado y alertan de que las podas están provocando incluso la caída de nidos. También denuncian que, mientras estas actuaciones continúan, el Ayuntamiento guarda silencio ante lo que consideran un grave atropello medioambiental.

La principal crítica se centra en que los trabajos se desarrollan precisamente durante los meses en los que la ciudad necesita conservar la mayor cantidad posible de sombra. En jornadas en las que las temperaturas alcanzan o superan los 37 grados, la eliminación de una parte importante de las copas reduce la protección frente al sol y aumenta la exposición del asfalto, las aceras y las fachadas.

El arbolado urbano ha dejado de ser un elemento meramente ornamental para convertirse en una infraestructura esencial frente al cambio climático. Los árboles proporcionan sombra, reducen la temperatura ambiental mediante la evapotranspiración y ayudan a combatir el denominado efecto isla de calor. Por ello, una poda intensa durante los meses más cálidos puede transformar una calle arbolada en un espacio mucho más hostil para peatones, personas mayores, niños y vecinos con problemas de salud.

La norma europea no establece un calendario único
Se cuestiona también que se utilice el Estándar Europeo de Poda como argumento para justificar estas intervenciones. Este documento técnico no establece un calendario idéntico para todos los territorios europeos, sino que indica que el momento adecuado depende, entre otros factores, del tipo de árbol, la clase de intervención, las condiciones climáticas y su posible impacto sobre la biodiversidad.

La norma contempla la denominada poda en verde, realizada mientras el árbol mantiene sus hojas, pero esta práctica está orientada principalmente a trabajos concretos y moderados, como la eliminación de ramas secas, dañadas o peligrosas. No puede interpretarse, según la denuncia, como una autorización general para efectuar podas intensas durante episodios de estrés térmico e hídrico.

Aplicar los mismos criterios en el norte de Europa y en una ciudad andaluza como Ronda, sin tener en cuenta sus condiciones climáticas, supondría una interpretación inadecuada del estándar. La pérdida excesiva de masa foliar en verano puede exponer ramas y troncos a una radiación solar para la que no estaban preparados, causar quemaduras en la corteza, reducir la capacidad del árbol para realizar la fotosíntesis y debilitarlo a medio y largo plazo.

El propio Estándar Europeo de Poda señala que durante cualquier intervención deben valorarse sus efectos sobre la biodiversidad y tenerse en cuenta la presencia de aves, insectos, líquenes y otros organismos asociados al árbol. El documento técnico tampoco fija una temporada universal de poda para toda Europa.

Riesgo para los nidos y los polluelos
Las quejas ponen especial énfasis en el impacto de estos trabajos durante la época reproductora de las aves. Mayo, junio y julio son meses especialmente sensibles, ya que numerosas especies urbanas se encuentran anidando, incubando huevos o alimentando a sus polluelos. Las podas intensas pueden destruir los nidos, provocar la caída de las crías o hacer que los ejemplares adultos abandonen la zona. Muchas de estas aves son insectívoras y cumplen una función importante en el control natural de mosquitos y otras plagas urbanas.

La Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad establece medidas de protección para las especies silvestres y prohíbe, con carácter general, dañar sus lugares de reproducción, así como destruir o deteriorar sus nidos. Por ello, si durante una poda se detecta la presencia de un nido ocupado, los trabajos deberían detenerse y ponerse la situación en conocimiento de los responsables medioambientales. La legislación estatal puede consultarse en el BOE.

El Ministerio para la Transición Ecológica también ha advertido en documentos técnicos de que las podas realizadas durante la época reproductora pueden eliminar el sustrato de nidificación y causar la destrucción de nidos de pequeñas aves.

Petición de explicaciones al Ayuntamiento
Las denuncias y quejas reclaman al Ayuntamiento de Ronda que explique qué criterios técnicos se están aplicando, si antes de comenzar los trabajos se comprueba la existencia de nidos y qué medidas de protección ambiental se han establecido.

También se reclama que las podas estructurales se planifiquen conforme al ciclo biológico de los árboles, las condiciones climáticas de Ronda y los periodos de reproducción de las aves, reservando las actuaciones estivales exclusivamente para intervenciones urgentes por razones de seguridad o para la retirada puntual de ramas secas, enfermas o dañadas.

Lo cierto es que las normas europeas tienen como objetivo proteger el arbolado y su entorno, no justificar calendarios burocráticos de mantenimiento que ignoran los ciclos biológicos. Por ello, se exige el cese de las podas intensivas durante los meses de mayor calor y en plena época de reproducción de la fauna urbana.

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