Luego de conocerse que el PP andaluz le ha dado un premio de consolación en la pedrea de ampliación del Comité regional de la formación, el secretario general del PSOE de Málaga, Josele Aguilar, ha denunciado públicamente la situación política en Ronda y la actuación del Partido Popular tras conocerse que la Fiscalía solicita cinco años de prisión para la alcaldesa del municipio, María de la Paz Fernández, por, entre otros, un presunto delito de malversación.
En un vídeo difundido en redes sociales, Aguilar ha cuestionado que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, no haya exigido la dimisión de la regidora rondeña, Mari Paz Fernández Lobato. En este sentido, ha subrayado que además «ha sido incorporada a la ejecutiva regional del Partido Popular, formando parte de la dirección autonómica del partido».
El socialista considera especialmente «llamativo» que María de la Paz Fernández haya sido designada secretaria de Vivienda del PP andaluz, cuando «durante sus 14 años como alcaldesa de Ronda, no se ha impulsado la construcción de ninguna vivienda pública en el municipio«.
Para Aguilar, este caso «refleja la forma en la que el Partido Popular afronta los problemas de corrupción y gestión en municipios como Ronda», y ha concluido señalando que la actitud de Moreno Bonilla demuestra un “cinismo sin límites” en su discurso político.
El nombramiento como Secretaria de Vivienda del PP andaluz de la alcaldesa de Ronda, llega varios meses después del Congreso regional celebrado a principios de noviembre en Sevilla, en el que se designó al Comité Ejecutivo andaluz. Se produce, además, en el marco de una suerte de repesca ampliada dentro de un órgano sobredimensionado con infinidad de miembros sin función responsable. Ello permite dar cabida a alcaldes y alcaldesas en puestos sin competencias reales ni tareas definidas. Una fórmula pensada más para satisfacer aspiraciones personales y de visibilidad que para reforzar la estructura orgánica del partido.
Esta incorporación tardía no hace sino evidenciar el escaso peso político del nuevo cargo, concebido como una especie de compensación para perfiles que quedaron fuera del reparto principal en el cónclave hispalense. Un gesto menor, a modo de premio de menor a la lealtad sumisa que sirve para maquillar relegaciones y apaciguar descontentos, pero que carece de relevancia orgánica efectiva.



