Los trabajos realizados en el cementerio municipal han permitido recuperar los cuerpos de seis hombres y una mujer, cinco de ellos enterrados boca abajo y con evidencias de muerte violenta. Los investigadores estudian si la única mujer localizada pudiera ser Antonia Salgado, conocida como ‘La Portuguesa’.
Los trabajos de investigación y excavación desarrollados en el cementerio municipal de Arriate han permitido localizar una fosa común con los restos de siete personas, seis hombres y una mujer, víctimas de la represión franquista tras el golpe de Estado de 1936. El hallazgo supone un importante avance en la recuperación de la memoria de quienes fueron asesinados y enterrados durante aquellos primeros meses de la Guerra Civil en la Serranía de Ronda.
La intervención, dirigida por el historiador Ángel Medina, ha permitido confirmar la existencia de una sepultura colectiva cuya localización no coincidía exactamente con el punto en el que inicialmente se había centrado la búsqueda. Los testimonios aportados por familiares y vecinos resultaron determinantes para orientar los trabajos hacia otra zona próxima del camposanto, donde finalmente aparecieron los restos.
La disposición de los cuerpos ofrece además importantes indicios sobre las circunstancias en las que fueron enterrados. Cinco de las siete víctimas aparecieron boca abajo, algunas de ellas superpuestas, mientras que el estudio preliminar de los restos ha detectado fracturas y posibles impactos de proyectil compatibles con una muerte violenta. Junto a los esqueletos también han aparecido objetos personales, entre ellos botones y restos de calzado.
Uno de los principales interrogantes se centra ahora en la identidad de la única mujer localizada en la fosa. Los investigadores trabajan con la hipótesis de que pudiera tratarse de Antonia Salgado, conocida como ‘La Portuguesa’, vinculada al bando republicano. Por el momento, sin embargo, no existe una identificación definitiva y serán los estudios antropológicos y, especialmente, las pruebas genéticas las que puedan confirmar o descartar esta posibilidad.
Para avanzar en ese proceso ya se ha establecido contacto con familiares de algunas de las personas que podrían encontrarse entre las víctimas. La comparación del ADN será fundamental para intentar devolver nombre y apellidos a unos restos que han permanecido enterrados durante cerca de noventa años.
La investigación de Arriate no termina con la recuperación de los cuerpos. Una vez concluidos los estudios, y siempre que las identificaciones sean posibles, la intención es que las víctimas reciban una sepultura digna y que el municipio disponga de un espacio destinado a preservar su memoria.
El hallazgo vuelve también a poner el foco sobre las fosas de la represión franquista que todavía permanecen sin investigar en la comarca. Especialmente significativa es la situación de Ronda, donde las investigaciones históricas apuntan a la existencia de enterramientos con un elevado número de víctimas, entre ellas personas procedentes del propio municipio de Arriate.
Casi nueve décadas después de aquellos acontecimientos, la apertura de esta fosa podría permitir recuperar una parte de una historia que permaneció durante generaciones bajo tierra. Ahora, debería y podría comenzar otra tarea, también muy compleja pero posible de culminar como es la de identificar a las víctimas y devolverlas a sus familias.



