Redacción

El misterio de la Mina del Rey Moro de Ronda

Bajo la imagen monumental y romántica de Ronda, celebrada por viajeros y pintores desde el siglo XIX, se esconde uno de los grandes secretos de su historia medieval: una mina de agua excavada en la roca viva del Tajo de Ronda que permitió a la ciudad resistir asedios prolongados. La conocida como Mina del Rey Moro —nombre más legendario que histórico— fue una pieza clave en la defensa de la antigua ciudad andalusí y, paradójicamente, el factor que precipitó su caída en 1485.

Una ciudad de frontera y un reto vital: el agua
Como todas las plazas fronterizas de Al-Ándalus, Ronda tuvo que resolver un problema esencial tanto en tiempos de guerra como de paz: garantizar el abastecimiento de agua. Situada sobre un espolón rocoso prácticamente inexpugnable, la ciudad carecía de grandes aljibes interiores. La solución fue tan audaz como eficaz: aprovechar una grieta natural en la pared del Tajo para excavar una galería descendente hasta el río Guadalevín.

La mina formaba parte del sistema defensivo de la antigua cora de Takurunna, en la ruta de los almorávides y almohades, y funcionaba como una coracha (qawraja), es decir, una fortificación destinada a proteger el acceso al agua en situaciones extremas. No era solo una estructura militar: fue una obra monumental de ingeniería hidráulica, alimentada tanto por un pozo interior como por el agua extraída directamente del río.

Una defensa excavada en la roca
Aunque se desconoce la fecha exacta de su construcción, todo apunta a mediados del siglo XIV, cuando Ronda era una pieza clave en la frontera occidental del Reino Nazarí. Entre 1333 y 1339, la ciudad estuvo gobernada por Abd al-Málik, hijo del sultán meriní de Fez, lo que da idea de su importancia estratégica.

La mina estaba concebida para resistir asedios prolongados. Su pared exterior contaba con troneras desde las que se defendía el acceso, y en los niveles inferiores existían espacios fortificados para repeler ataques con flechas, aceite o agua hirviendo. Incluso disponía de una pequeña puerta abierta al río que permitía la huida o el abastecimiento discreto en caso de necesidad.

El secreto que decidió la conquista de Ronda
La trascendencia histórica de la mina quedó reflejada tras la conquista cristiana. El cronista Andrés Bernáldez relató cómo los musulmanes descendían por una mina secreta para abastecerse de agua desde varios pozos excavados junto al río. El control de ese enclave era decisivo.

En 1485, durante el asedio a Ronda, las tropas del Marqués de Cádiz concentraron sus esfuerzos en apoderarse de la mina. Una vez inutilizada la noria que elevaba el agua, la ciudad quedó sin suministro. Sin agua, Ronda se rindió en cuestión de días a los ejércitos de los Reyes Católicos.

231 peldaños hacia el corazón del Tajo
El acceso a la mina conduce hoy por un túnel vertical excavado en la caliza, con una escalera de 231 peldaños tallados aprovechando los salientes naturales de la roca. La galería, de unos 60 metros de longitud, presenta una altura irregular y una humedad constante que acentúa la sensación de descenso a un espacio oculto y primitivo.

La autoría de la obra sigue rodeada de misterio. Algunas fuentes la atribuyen a bereberes de Ifrán; otras señalan a cautivos cristianos, obligados no solo a excavar la roca, sino también a accionar manualmente la noria y transportar el agua en zaques hasta la superficie. La imposibilidad de usar tracción animal da idea de la dureza extrema de aquel trabajo, agravada por la ubicación de la noria, situada a unos 15 metros por debajo del nivel del río.

El misterio de la Mina del Rey Moro de Ronda

La Sala de los Secretos y el territorio de la leyenda
A lo largo del descenso se abren estancias laterales, pequeñas “habitaciones” cuya función exacta se desconoce: ¿acuartelamientos, almacenes, prisiones? Entre todas ellas destaca la llamada Sala de los Secretos, un espacio abovedado cubierto por una cúpula semiesférica apoyada en pechinas, una auténtica qubba.

Su nombre procede de su sorprendente acústica: un susurro en una esquina se escucha con claridad en la opuesta. Según el arabista Virgilio Martínez-Enamorado, este tipo de espacios solía reservarse para usos simbólicos, ceremoniales o residenciales. Tras la conquista cristiana, las crónicas sitúan aquí el acuartelamiento de los soldados del marqués de Cádiz.

La tradición popular, sin embargo, alimenta otra versión: la de un lugar de esparcimiento para las damas de la corte andalusí, que bajaban al río a bañarse aprovechando un acceso protegido por un recodo natural y una portada sorprendentemente decorada para tratarse de un enclave militar secreto.

De fortaleza medieval a conjunto monumental
Tras su abandono en el siglo XVI, la mina cayó en el olvido y dio paso a leyendas de tesoros ocultos y palacios subterráneos. Sobre ella se levantó en el siglo XVIII una residencia aristocrática que, en 1911, fue adquirida por Trinidad von Scholtz Hermensdorff. La duquesa transformó por completo el conjunto: reformó la casa en estilo neomudéjar y encargó un jardín escalonado al paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, inspirado en la tradición andalusí y el jardín francés.

El resultado es la actual Casa del Rey Moro, declarada Bien de Interés Cultural en 1943, un conjunto único formado por la mina de agua, la casa señorial y los jardines colgados sobre el Tajo.

Un secreto abierto al público
Desde 1990, la mina y los jardines están abiertos a las visitas. La restauración ha permitido acondicionar el acceso hasta el fondo del Tajo e instalar plataformas desde las que contemplar Ronda desde una perspectiva insólita: la de sus entrañas. Un recorrido que combina historia, ingeniería, paisaje y leyenda, y que recuerda hasta qué punto el control del agua fue decisivo en el destino de una de las ciudades más emblemáticas de Andalucía.

×