En estos mismos días de 1937 nuestros familiares y miles de familias, que tuvieron miedo ante el terrorismo que desencadenaban los fascistas, caminaban hacia Málaga con la esperanza de ponerse a salvo de la iniquidad de toda la gentuza que Franco, Queipo de Llano, Francisco de Borbón, Mario Roatta y Ben Mizzian les echaron encima.
Después de apoderarse de Ronda los franquistas no tuvieron la capacidad ni el valor de pasar la serranía y llegar a la costa hasta que no recibieron la ayuda de los 10.000 camisas negras italianos que llegaron a Cádiz y el armamento y aviones de los nazis.
Nuestra gente refugiada en San Pedro Alcántara se unió en la huida con miles de otros que huían de todos los pueblos de la costa hacia Málaga. Algunos llegaron a la capital y muchos pudieron huir por la carretera hacia Almería. Otros fueron copados antes de llegar siquiera a Torremolinos
Parece ser que el tiempo en aquellos días de Enero era muy parecido al que estamos viviendo actualmente con sol al mediodía pero un frío helador por las noches. Así que si tenemos en cuenta la falta de todo que tenía nuestra gente, sin ropa ni calzado, las bombas lloviendo desde los aviones y los barcos y las tropas de moros, legionarios, falangistas y requetés azuzados cual perros detrás de sus presas porlos militares fascistas el drama era apocalíptico.
Las familias son conminadas a volver a sus casas con la promesa de Franco de que nadie que no tuviera delitos de sangre tenía nada que temer. Falso como todo lo que prometía el perjuro traidor. Cuando nuestra gente llega a sus destruidas y saqueadas casas empiezan a sacarlos por las noches después del toque de queda cuando nadie, ni siquiera los de derechas, podían ni se atrevían a salir.
Del saqueo que sufrieron las casas de la gente que huyó del terror franquista hay que decir que hubo dos saqueos: El primero el de las tropas moras y legionarias que recibían autorización para hacer lo que quisieran durante un tiempo de horas, un día o dos días… robos, violaciones… lo que fuera. El segundo el saqueo que la “gente de bien” hizo en las casas de sus vecinos huidos, llevándose muebles, relojes y cualquier cosa, dejando esas casas completamente desvalijadas.
Así es como mi familia, la familia de Antonio Heredia, la familia de Ana Avilés y tantísimas otras se encontraron sus casas y empezaron a recibir la visita de los que llegaban al alba.
Mientras tanto, mientras la gente republicana era secuestrada, fusilada y hecha desaparecer, la vida en Ronda tenía una apariencia de normalidad por lo que se deduce de las actas del ayuntamiento en el que la gestora de gente rica y de derechas implantada por los militares redactaba con florituras las ayudas que pedían los curas y las monjitas.
Paco Pimentel
Memoria Histórica de Ronda y Serranía



