Curro Flores

Papeles de amarillo rugoso

Opinión

Es obvio, a los curiosos y a los que lo padecimos el 23F, para los que nos fue un chapú pasajero con visos de calamidad histórica. Hoy el BOE, puede que me sitúe con otras certezas la memoria; pero poco quedará de interés del relato real conocido, y de las brozas que sembraron los engañabobos interesados en prohibirnos la verdad.

Para orgullo de los malagueños, Pedro Aparicio, secundado con sus concejales, abrimos la puerta del Ayuntamiento, con todas las luces encendidas, para dar un ejemplo vivo de resistencia y protección democrática a los ciudadanos, mientras no apercibían de la amenaza de ataque por un grupo de Fuerza Nueva y nos llegaban noticias terroríficas del alcalde de Valencia, por sus entanquecidas sus avenidas.

No sé si el Boletín Oficial me traerá alguna mala nueva, de las que vengo buscando, desde que el Picoleto armado se subió a la tribuna de oradores. La trama o implicados civiles en el Golpe, porque lo de García Carrés, es una caladilla a un puro inconmensurable, que echaba más humareda que los montones de basura al arder.

Desde que el 7 de octubre de 1977, mi querido compañero Juan Jerez y yo, volvíamos de Cuevas de San Marcos, de departir y tomarnos una sopita con el que sería su primer alcalde de la democracia, Juan Senciales y su esposa. Llevamos el canguelo encima, porque la manifestación autorizada de los jóvenes, que habíamos preparado, la había disuelto la guardia civil ordenada por Antonio Tejero. Así que del reciente occiso, ya sabíamos su catadura insubordinada antidemocrática.

Por otra parte, el oficio de demócrata activo en la clandestinidad y deriva, nos llevó a aprendernos de memoria la vida y expectativas de todos los jefes y oficiales del Ejercito, porque el ruido de sables fue un soniquete que no nos abandonó hasta que Juan Carlos I, las condenas a los autores de la uniformada asonada, la OTAN y el amigo Narcis Serra, le pusieron sordina y buena marcha.

Después de tantos años de secreto oficial, muchos de aquellos civiles, que esperaban su momento de aparecer en la palestra de nuevo para servirse del poder, permanecen por el voto de silencio de las conspiraciones ocultos; ya, por edades la mayoría polvo. Pero como todavía se enseñorean apellidos de aquellos pedigrís patrióticos, no es vana nuestra prevención ante la pista de los neofacciosos.

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