En Ronda, hablar de vivienda ya no es hablar de un problema más, es poner sobre la mesa una de las principales preocupaciones reales de la ciudad. El acceso a una casa o un piso, ya sea en alquiler o en propiedad, se ha complicado hasta tal punto que empieza a condicionar proyectos de vida.
La situación tiene varias capas. Por un lado, el tirón turístico ha tensionado el mercado, reduciendo la oferta disponible para residentes. Por otro, la falta de construcción en los últimos años ha terminado por agravar el desequilibrio entre lo que se ofrece y lo que se necesita. Y en medio, familias y jóvenes que se encuentran con precios cada vez más difíciles de asumir.
Ante este escenario, la cesión de suelo municipal no suena a gran titular, pero sí a una medida concreta y necesaria. Ronda dispone de suelo y de espacios que hoy no están cumpliendo una función social clara. Ponerlos al servicio de la construcción de vivienda protegida es, simplemente, utilizar recursos públicos para responder a un problema público.
El coste del suelo es uno de los factores que más encarece la vivienda. Si ese coste se reduce o desaparece al tratarse de suelo municipal, se abre la puerta a promociones más asequibles, algo que el mercado por sí solo no está garantizando.
Además, hay una cuestión de fondo que no se puede obviar. El modelo de ciudad. Si vivir en Ronda se convierte en algo cada vez más complicado, el riesgo de perder población, especialmente joven, es algo absolutamente irremediable. Y eso no es una amenaza lejana, es una realidad que ya empieza a percibirse.
Facilitar vivienda no es solo una política social, también es una forma de sostener la ciudad en el tiempo. De permitir que quienes trabajan aquí puedan quedarse, que quienes quieren formar una familia no tengan que marcharse, que Ronda no se convierta en un lugar pensado más para estar de paso que para vivir.
Las herramientas existen y el suelo también. La cuestión, a partir de ahí, es si se decide utilizarlos o no. Porque el problema lleva tiempo encima de la mesa, pero las soluciones no pueden seguir esperando.
Ene se sentido, el actual equipo de Gobierno debería de ser más recepetivo y abierto -además de tolerante y menos soberbio- a las propuestas que desde la oposición se le hacen para intentar paliar este problema. Rondeñas y rodeños y especialmente las generaciones más jovenes, se lo agradecerán.



