Redacción

Voluntariado y política verde para repoblar la Sierra de las Nieves con pinsapos

medio ambiente

La Diputación de Málaga y Cruz Roja han firmado un acuerdo para impulsar la producción y plantación de pinsapos, ese abeto singular que simboliza la riqueza —y también la fragilidad— de los montes malagueños.

El convenio, rubricado por el presidente de la institución provincial, Francisco Salado, y el responsable provincial de Cruz Roja, Luis Utrilla, tendrá una vigencia inicial de cuatro años, ampliable hasta seis. Tiempo suficiente, en teoría, para que los pinsapos —especie emblemática y delicada— ganen terreno en su hábitat natural.

El plan no se limita a plantar árboles. Incluye también campañas de educación ambiental dirigidas a estudiantes y distintos colectivos, en un intento de sembrar conciencia antes que raíces. Todo ello bajo la coordinación de Cruz Roja, que asumirá la parte más técnica: desde el tratamiento de las semillas hasta el cuidado de los plantones.

Mientras tanto, la Diputación seguirá tirando de su red de viveros, una infraestructura que cada año mueve miles de ejemplares. Según los datos ofrecidos, se distribuyen en torno a 7.500 plantas anuales entre los municipios malagueños, con instalaciones en Benamocarra, Ardales y Yunquera —esta última, clave en la producción de pinsapos—.

Salado no dejó pasar la ocasión para reivindicar el papel de la institución, llegando a definirse como “el vivero de la Junta”, en referencia a la aportación provincial a la repoblación forestal andaluza.

Más allá de las cifras, el mensaje social lo puso Utrilla, quien subrayó que la iniciativa pretende algo más que reverdecer montes: busca implicar a la población local en el cuidado del entorno. Una apuesta por la participación ciudadana que, en la práctica, tratará de convertir la sostenibilidad en tarea compartida.

El vivero de Yunquera, pieza central del proyecto, aspira a consolidarse como un referente en la producción de pinsapos, abasteciendo tanto a la Junta de Andalucía como a distintos puntos de la provincia. Un objetivo ambicioso que ahora queda en manos —nunca mejor dicho— de voluntarios y administraciones.

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